Nancyhrs's Weblog











{octubre 17, 2013}   HAMBRE de PIEL
Hambre Piel. Hambre de dopaminas. Acabo de llegar de una charla sobre adicciones que organizó el colegio de mis hijos para padres. Cuesta mantener la esperanza después de una charla como esta. Convengamos que la especialista era especialista en adicciones y su objeto de trabajo son justamente los adolescentes más complicados.
No es que estemos exentos de nada de lo que nos mostraron, ni mucho menos, pero uno asiste a estas charlas pensando en el fondo de su corazón, o mejor dicho, rezando que a uno no le toque tener que vivir nada de lo que allí se plantea. Sobre todo nosotros, que todavía tenemos chicos chiquitos, sentís que tenés más tiempo para prepararte/ para armarte de armas contra la cultura de la muerte que va indefectiblemente a por tus hijos. A esos hijos que pasaron por tu panza, (por MI panza) que criaste, que los fuiste a ver dormidos de noche por si se habían destapado, que te hicieron reír y también llorar, que te hicieron sufrir y que son tus tropiezos y el sentido de tu vida al mismo tiempo.
Aprendí un montón de cosas de nuestra cultura actual. Se me abrieron los ojos y los de muchos padres a las cosas que suceden en el día a día de hoy. Vimos fotos horribles de cosas que los jóvenes se hacen en la piel, en el cuerpo, automutilaciones y heridas y marcas y tatuajes y branding y nosecuantascosas más. Para ellos (ellos, los adolescentes) el dolor significa placer. No significa dolor como para nosotros. Ellos lo descodifican ese sentimiento como placer, como algo bueno, por más mal que se hagan. La Dra. Diana Gómez hablo del silencio de los padres. Hablo de cómo nosotros los adultos ya no entendemos. De cómo nos corrimos, o nos corrieron y nosotros nos dejamos correr. Usó un término que yo nunca había escuchado y que asusta, “alcoholismo pediátrico”…
También habló de sistemas límbicos y de dopaminas, y de cómo la cultura hoy estimula todo a tanto nivel de endorfinas y hormonas estimulantes, que la vida fuera de eso parece aburridísima. El nivel de dopamina y de adrenalina que se busca hoy hace que los chicos asuman riesgos enormes. La cosa privada se busca hacer pública. No hacen silencio. Lo que se oye para ellos se ve. El dolor es placer. Lo prohibido por ley para ellos es lo permitido (marihuana). Las emociones son exaltadas y compartidas en grupos de pertenencia, en comunidades emocionales. A su vez, no tienen palabras para expresar esas emociones, y precisan de los emoticones y las tecnologías para relacionarse.
En los videojuegos, el cerebro se comporta como si ficción y realidad fueran una sola cosa. No distingue. Si mato allí, o si aprendo a ser narcotraficante o si vendo leche para engañar cuando en realidad estoy vendiendo droga….la vida en 3D se vuelve peligrosamente real. Si mato, gano. El dolor ajeno me pone contento. Es un triunfo. Yo me entreno para matar. Toda esa cultura, toda esa lógica, es la que ella decía que estaba educando a nuestros jóvenes hoy. Es la que está forjándoles el cerebro, solamente en el lóbulo frontal. El “circuito” por donde ello pasa es muy particular. Es propio de ellos y no de nosotros, que tenemos circuitos diferentes. Pasamos del homo sapiens, al homo clippens y al homo videns.
Los mensajes publicitarios en sí mismos no son tan efectivos. Pero a través de la saturación es que logran penetrar. A través de la repetición constante y permanente logran pasar su mensaje tremendo. Todo esto anterior está muy claro para la industria del narcotráfico. Lo saben y lo usan para su provecho.
Alrededor de los 24 años se termina de desarrollar la parte prefrontal cerebral. El desarrollo límbico arranca entre los 14 y 16 años. Esa es la ventana de riesgo para el adolescente. Hacerlos adolecer mas rápido lo que hace es aumentar su chance de riesgo. Y la cultura consumista busca al joven más joven para poder bombardearlo durante más años. ¿Dónde estamos nosotros padres cuando otros nos apuran a nuestros hijos? ¿Dónde estamos cuando los presionan los pares para que quemen etapas y hacerlos “crecer”?
Después de pasarnos por el universo este de los videojuegos, los códigos, las tribus urbanas, las drogas, el alcohol y las adicciones, los consejos vuelven a ser tremendamente conocidos. Los anoto acá por si alguna vez me los olvido y necesito un refuerzo de sentido común:
  •        Ponerle palabras a las emociones (desde que son chiquitos). Hablar, hablar, hablar y después hablar. Describir lo que nos pasa, hablar, sentir, hablar. Tratar de ver qué implica esto en el otro, hablar.
  •        Analizar la realidad con ellos críticamente, des-construir lo que les vende el consumismo, y re-construir el mensaje en términos de ellos. Ver publicidades, pensar en las letras de las canciones. Ver con ellos TV y explicar cosas que tienen doble mensaje. De fondo? Estar. Acompañar. No callar. Estar. Estar. Estar.
  •        El problema de las adicciones es la relación con los objetos. En TODA nuestra sociedad está mal el vínculo con los objetos. Ya sea sustancia nociva (droga) o inofensiva (luces y música, chocolate, celular) el problema es cómo me relaciono yo con el objeto.
  •        Ojo los grandes, consumición de psicofármacos. Sobre-medicación cultural tampoco es sana. Madre que adolece a la par de hija tampoco es sano. Ser padres.
  •        Así como todos los estímulos culturales quedan grabados en la memoria, también quedan todas las vivencias familiares, para bien y para mal. Todo el cariño, gesto, contacto, palabra, etc. Saturemos nosotros también con el amor. Usemos esas mismas armas.
  •        A los adolescentes hablarles con la verdad, con franqueza y de las consecuencias del corto plazo. Ser concretos. Saber la opinión de los amigos sobre lo que yo estoy diciendo. Es imposible llegarle si uno no sabe lo que piensan sus pares sobre el tema que yo estoy hablando con el.
Y al final, muy al final, la Dra dijo algo que me quedó picando “Hambre de Dopamina”. Quizás los adolescentes que están tan desesperados están tratando de satisfacer esa hambre eterna. Me hizo acordar a la sed de la que habla el evangelio. También me hizo pensar en palabras que no surgieron en la charla: sed de trascendencia, libertad, autodominio, voluntad….
Antes, dijo, nosotros lográbamos endorfinas con: el AMOR verdadero, la LACTANCIA, el deporte. El contacto PIEL con PIEL.
Antes. Yo lo llevo a antes que nosotros, lo llevo al hombre de las cavernas. Siempre volvemos a lo básico, al bebe, a la naturaleza, a las cosas reales. Hambre de dopamina. Todo empieza ahí.
Publicado por en 06:09

http://t.co/ixU6sR9Hvm

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Nancy H. says:

De las tantas cosas que leo a diario, elegí ésta nota del blog de la señora María Elisa P. – @mepeiran – por su grado de humanidad, sensibilidad, realidad, es lineal, correcta, directa y sin vueltas. Digna de quien enfrenta sus temores. Admirable. Ejemplar.
Esto es valentía. (No, otras cosas.)
Gracias.



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